
-¿Qué ocurre si el preso dice la verdad –le pregunto-, pero nota que no le creen? (…) ¿Cómo puede usted saber cuándo un hombre le ha dicho la verdad?
-Existe un tono especial en la voz del que dice la verdad. El entrenamiento y la experiencia nos enseñan a reconocer ese tono.
-¡El tono de la verdad! ¿Puede reconocer ese tono en la conversación cotidiana’ ¿Oye si yo digo la verdad?
Es el momento más íntimo que hemos tenido hasta ahora, un momento que él ahuyenta con un ligero ademán.
-No, me está malinterpretando. Ahora hablo solo de una situación determinada, de una situación en la que investigo para dar con la verdad, en la que tengo que presionar para encontrarla. Al principio solo obtengo mentiras, así es, primero solo mentiras, entonces hay que presionar; después más mentiras, entonces hay que presionar más; luego el desmoronamiento, tras este seguimos presionando, y por fin la verdad. Así es como se obtiene la verdad.
El dolor es la verdad, todo lo demás está sujeto a duda.
J. M. COETZEE. Esperando a los bárbaros. Debolsillo