ALFABETICAMENTE HABLANDO...

abandono ahogado album aldea alojamiento amor anecdota animales antigüedad arte aseo astronomía ATXAGA AUB AUSTER BAUSCH BAXTER belleza BERGER beso BORGES BRECHT BUKOVSKI CALVINO camino campo CAPOTE casa casado cazador celos centro comercial CHEJOV cielo ciencia ciudades COETZEE colores comunicación comunión. iglesia conductor cuento cuerpo cuidar cura DELIBES deseo desgracia despertar desprecio difuntos dinero dios diseño disfraz dormir DOSTOIEVSKI duda edad emigrantes enfermedad equivocarse escritor espejo estrellas estúpido excepción fábula fecha festín fiesta filosofía flores franceses frío frontera fuego GALDOS GALEANO GARCÍA MARQUEZ GLANTZ gramática griegos GROUCHO MARX héroe hielo HIERRO historia hospital hotel humanidad idiomas imaginación imprescindible insomnio invento invierno IWASAKI jefes juego KAFKA KALFUS KARINTHY KRAUS LABARI laberinto ladrón leer lenguas lento libros LLAMAZARES llaves lluvia maestros MAGRIS mandar MANKELL manos MARGARIT matemáticas memoria mentira MILLÁS mirar MONZO muerte mujer MUÑOZ MOLINA MURAKAMI museo naciones naturaleza NIETZSCHE niños noticias O`CONNOR obedecer ojos olvidar oso OZ PAASILINNA paisajes patio patria pensamiento pérdida PEREZ ESTRADA pies pobreza precio prisa progreso PRON pueblo recordar reglas religión resucitar RIECHMAN riqueza RIVAS rosas rurales rusos sabiduría SANCHEZ FERLOSIO sangre SANTANA SAROYAN SHEPARD sinceridad sirena soledad sombras sueño SWIFT TABUCCHI tortura trabajo tristeza universo urbanismo vanidad VARGAS LLOSA veintitantos ventana ver verdad viajar vivir WILCOCK WILDE zapatos ZWEIG

20120427

I... DE IMAGINACIÓN

Obligado por su enfermedad a permanecer en la cama, Lorbio se hizo poner en su habitación de hospital dos grandes espejos paralelos; uno cubre la pared izquierda, el otro la derecha. De esta manera el enfermo se ve reflejado de pies a cabeza, de un lado y de otro, y puede imaginarse que está en una habitación o pasillo de tres, de muchas camas, en compañía de una gran cantidad de enfermos que, por otra parte, se le parecen mucho. Lorbio, a sus vecinos de cama, los llama Derechino e Izquierdino: Derechino parece ligeramente más joven que él; Izquierdino es el más viejo de los tres; en cuanto al resto, los tres siempre hacen las mismas cosas, o casi, a la misma hora y con los mismos movimientos. En este sentido, puede decirse que ninguno vio nunca a tres compañeros de habitación estar tan perfectamente de acuerdo (…)
Cuando Lorbio se levanta para mostrar a Izquierdino la nueva novela de Tarzán que le trajo su prima, y se la ofrece para compararla con la que poco antes su amigo recibió de regalo de su sobrina, Derechino se levanta discretamente y dirigiendo la espalda a los dos muestra él también su novela de Tarzán al otro vecino de cama. Y él hace esto porque en la vasta sala, hasta donde la mirada se pierde, todos los enfermos se levantaron al mismo tiempo para comparar sus novelas de Tarzán. Pero Lorbio no presta atención a los enfermos lejanos, sobre todo porque no ve bien y además porque no sabe ni quiénes son ni cómo se llaman.

J. RODOLFO WILCOCK. El estereoscopio de los solitarios. Edit. EDHASA

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada