ALFABETICAMENTE HABLANDO...

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20110219

D... DE DISEÑO

Estudió con atención las fotos durante unos momentos, sin llegar a comprender por qué le parecían tan absorbentes aquellos objetos, y entonces, al cabo de unos instantes más, acabó entendiéndolo. Los dibujos ornamentales de los platos eran idénticos a los de las vajillas del escaparate de la tienda de enfrente de su apartamento. Las cestas eran idénticas a las que millones de europeos utilizan hoy para hacer la compra. Las cosas de las fotografías tenían dos mil años de antigüedad, y sin embargo parecían enteramente nuevas, absolutamente contemporáneas. Ésa fue la revelación que cambió su manera de pensar sobre el tiempo humano: si una persona de hace dos mil años, que vivía en un alejado reducto del imperio romano, podía crear un utensilio doméstico de aspecto exactamente igual al que se utiliza hoy día, ¿cómo podían ser su manera de pensar, su personalidad o sus sentimientos diferentes de los suyos propios? Ésa es la historia que nunca se cansa de repetir a sus amigos, su argumento en contra de la creencia predominante de que las nuevas tecnologías modifican la conciencia del hombre. 
Paul Auster. SUNSET PARK. Edit. Anagrama.

20110129

R... DE RESUCITAR


EL RESUCITADOR. Señalándome a un hombre de gran dignidad, me dijeron: Ése es el resucitador; y como yo preguntara detalles, me explicaron que sólo podía resucitar a aquellos cuya muerte representara para la patria y la cosa pública una pérdida irreparable.
Todos confiaban en este hombre, y al punto creían en su capacidad prodigiosa para devolver a los muertos de su eterno reposo. Mas cuando inquirí sobre el número de sus milagros, ésta fue la respuesta: Nunca ha resucitado a nadie, porque nadie nos ha parecido imprescindible. Sin embargo, el hombre actuaba como si hubiera devuelto de las sombras a toda una nación.
Rafael Pérez Estrada. EL LADRÓN DE ATARDECERES. Edit. Plaza & Janés.

20110118

F... DE FLORES

- ¿A que no sabes tú lo que son las flores?
-Pues las flores-dijo el ciego, algo confundido, acercándolas a su rostro son... unas como sonrisillas que echa la tierra... La verdad, no sé mucho del reino vegetal.
-¡Madre divinísima, qué poca ciencia!-exclamó María, acariciando las manos de su amigo. Las flores son las estrellas de la tierra.
-Vaya un disparate. Y las estrellas, ¿qué son?
-Las estrellas son las miradas de los que se han ido al cielo.
-Entonces, las flores...
-Son las miradas de los que se han muerto y no han ido todavía al cielo-afirmó la Nela con entera convicción- Los muertos son enterrados en la tierra. Como allá abajo no pueden estar sin echar una miradilla a la tierra, echan de sí una cosa que sube en forma y manera de flor. Cuando en un prado hay muchas flores es porque allá, en tiempos atrás, enterraron en él muchos difuntos.
Benito Pérez Galdós. MARIANELA. Editorial Hernando.

20101224

N... DE NAVIDAD

Está harta de la bondad navideña, está harta de los buenos sentimientos de diciembre, de los insoportables villancicos que oye por las radios que se escapan por las ventanas mal cerradas, de las estrellas de bombillas y de ese permanente cuento de Navidad en el que siempre revive para no avanzar nunca. Está tan asqueada que se le ocurre la posibilidad de acabar de una vez, de encender la cerilla y, en vez de observar el cielo en busca de la abuela, darse prisa a acercarlo a la puerta de la casa, de forma que la madera -quizás simple cartón piedra- empiece a arder tan rápido que el fuego se extienda de inmediato al resto de aquella casa de gente falsamente feliz, a la ciudad entera -por lo menos a las cuatro calles que conoce, porque quizás no hay nada más-, y desde allí a las páginas del libro donde todo eso revive siempre, y del libro al escritorio del maldito narrador que la condenó a repetir, año tras año, el mismo melodrama infantil. ¡Que se queme todo!

Quim Monzó. TRES NAVIDADES Edit. Acantilado

20101212

S... DE SOMBRAS

Criaturas de la sombra
No podré nunca desencarcelaros,
maravillosos, que abrasáis mi boca.
Dedos de luz, hundidos en la roca,
de vuestro rico mineral avaros.
Libertaros: nombraros. Libertaros:
mataros... Vuestro fuego desemboca
en mi garganta, mata cuanto toca,
muere -morís- bajo los cielos claros.

Maravillosos de la sombra. Sones
otorgadores de secretos dones,
a silencios perpetuos os sentencio,

a vivir, prisioneros, siempre a oscuras.
(Silencio.) Impronunciables criaturas
que no (silencio)... naceréis. (Silencio.)
Jose Hierro. CUANTO SE DE MÍ. Edic. La Palma

20101207

D... DE DINERO

Lo cierto es que usted considera que soy un hombre digno, y usted, mátochka, es incomparablemente mejor que todos ellos. ¿Cuál es entonces la mayor virtud de un ciudadano? El otro día, en una conversación privada, Yevstafi lvánovich defendía que la virtud más importante de un ciudadano es saber hacer dinero. Hablaban en broma (lo sé positivamente), pero la moraleja es que no hay que ser una carga para nadie; ¡y yo no soy ninguna carga para nadie! No me falta mi pedazo de pan; es verdad que es un simple pedazo de pan, y hasta duro a veces; pero no me falta, lo he conseguido con mi esfuerzo para consumirlo de manera legítima e irreprochable. ¡Qué le voy a hacer!
Fiodor Dostoievski. POBRE GENTE (Edit. ALBA)

20101203

C... DE COMUNICARSE

Sin embargo, en otra ocasión, en el vestíbulo subterráneo del metro, donde estalló de repente una pelea por un motivo cualquiera, Budai tuvo la extraña sensación de que la demás gente, también, no hacía más que proferir expresiones sonoras completamente desprovistas de sentido y que, claramente, nadie escuchaba a nadie. ¿Habría que contemplar la posibilidad de que las propias personas no se comprendan unas a otras? ¿Que los habitantes se expresen en dialectos variados, incluso en idiomas varios? Por un momento, una idea descabellada le pasa por la cabeza, que, por cierto, tiene bastante recalentada: ¿habrá acaso tantas lenguas como personas hay?
Ferenc Karinthy. Metrópolis, Edit. Funambulista.

20101116

I... DE IMAGINACIÓN

Cuando Juan salió al campo, aquella mañana tranquila, la montaña ya no estaba. La llanura se abría nueva, magnífica, enorme, bajo el sol naciente, dorada.
Allí, de memoria de hombre, siempre hubo un monte, cónico, peludo, sucio, terroso, grande, inútil, feo. Ahora, al amanecer, había desaparecido.
Le pareció bien a Juan. Por fin había sucedido algo que valía la pena, de acuerdo con sus ideas.
-Ya te decía yo -le dijo a su mujer.
-Pues es verdad. Así podremos ir más deprisa a casa de mi hermana.
Max Aub. Escribir lo que imagino (Alba Editorial)